La Delgada Línea entre Productividad Funcional y Productividad Tóxica

En la era moderna, la búsqueda incesante de la productividad se ha convertido en un mantra en nuestras vidas. Nos encontramos inmersos en un mundo donde la eficiencia y el rendimiento son cualidades perseguidas con fervor. Sin embargo, ¿dónde reside la frontera entre una productividad saludable y aquella que se vuelve perjudicial para nuestro bienestar mental?

Productividad Funcional: El equilibrio

La productividad funcional se caracteriza por un equilibrio entre la eficiencia y el cuidado del bienestar mental. De esta forma, logramos realizar las tareas con eficacia, manteniendo una sensación de satisfacción y bienestar. El cerebro funciona en armonía.

Este estado de productividad se consigue con la gestión adecuada del tiempo, el establecimiento de límites saludables, la práctica de la autorreflexión y la atención plena. La neurociencia respalda la importancia de periodos de descanso, así, que nuestro cerebro pueda recargar energía. Para poder descansar, debes de darte el permiso. No hacer nada como: ver Netflix, estar tiradx en el sofá o quedarte en casa toda la tarde quizás es necesario para poder dar ese descanso a nuestras neuronas. Así que esas tareas, aunque te parezcan impensables o poco apropiadas para una persona de provecho (como te han grabado a fuego que tienes que ser), son tareas necesarias para conseguir una mayor productividad. Si “no hacer nada” te peta la cabeza, quizás puedas cambiar la terminología por “estoy descansando” o “estoy recargando mi energía cerebral” algo necesario para ser más eficiente en tu siguiente tarea.

Productividad Tóxica: Cuando la eficiencia se convierte en deterioro

Por otro lado, la productividad tóxica emerge cuando la búsqueda desmedida de eficiencia comienza a socavar la salud mental. Nos vemos inmersos en un ciclo agotador de sobreexigencia, ignorando las señales de fatiga y agotamiento. El estrés crónico y la ansiedad pueden convertirse en compañeros habituales, afectando negativamente a diferentes esferas:

  • Cognitiva: notando dispersión, dificultades de concentración, en la toma de decisión y en la planificación, además de una peor calidad de memoria.
  • Emocional: notando irascibilidad, apatía, fatiga emocional y física, anhedonia (te cuesta disfrutar de las cosas), nervios a flor de piel y saltando a la mínima.

¿Pero por qué me pasa esto?

Tener que mantener un alto listón 24/7 en alguna o muchas de las esferas de mi vida (ser el número 1 en mi trabajo, tener el mejor ocio con gente cool y lugares instagrameables, mejorar mi marca de running cada semana…) genera un estado de alerta constante: no te puedes permitir reducir el ritmo, porque si lo haces dirá de ti que no vales, que no eres tan buenx como se piensan o directamente, que no eres suficiente. Mantener ese estado de alerta genera estrés de forma prolongada en el tiempo. Como sabrás, y si no lo sabes te lo cuento, la hormona del estrés es el cortisol. El cortisol nos ayuda a reaccionar, a tomar decisiones rápidas en momentos puntuales. El cortisol nos ayuda a sobrevivir: a pararte en seco cuando viene un coche que no te esperas o a coger a tu hijx al vuelo cuando se resbala por la escalera. El problema viene cuando segregamos cortisol no de forma puntual, sino de forma prolongada. Porque el cortisol, amigx mix, es neurotóxico. Afecta directamente a nuestras neuronas. Así que si, el cortisol es algo que si utilizamos bien nos ayuda a sobrevivir pero que, si lo utilizamos mal, nos desbarajusta nuestro cerebrito generando cambios bioquímicos que afectan a la conectividad. Mayoritariamente las áreas afectadas son: amígdala, hipotálamo y cortex prefrontal. Estos cambios en la conectividad generan la sintomatología arriba nombrada.

Un apunte interesante que riza más el rizo es el círculo vicioso que generamos. Cuando siento que bajo el listón me entran los mil males, generando estrés y segregando por tanto más cortisol. Esto hace que sea menos eficiente con mi tiempo y con mi gestión, haciendo que mis resultados sean peores. Cuánto peores son mis resultados, menos eficiente me vuelvo y más sintomatología ansiosa puedo sentir. Bucle del que no siempre sabemos salir.

¿Y por qué leches quiero ser siempre el primerx en todo?

Nos inculcan desde bien pequeños que debemos despuntar. Ya no vale con tener una carrera universitaria, ahora debes tener un postgrado, un máster y 5 años de experiencia para tener un sueldo mínimo. Ya no vale con irte a Peñíscola de vacaciones (un beso a los de Peñíscola), tienes que irte a Filipinas o a Panamá para demostrar que eres un difrutón de la vida, ni tampoco vale hacer una horita de zumba a la semana, tienes que hacer crossfit y dar tu vida por tu box. Vivimos en la constante demostración. Una herencia de la infancia y de nuestra sociedad actual. En este punto toca averiguar y reeducar tu sistema de creencias.

El arte del equilibrio: Estrategias para una productividad saludable

Aquí se pone difícil la cosa. Encontrar el equilibrio entre la productividad funcional y la salud mental es un arte que requiere conciencia y práctica.

Por un lado, puedes trabajar estrategias de gestión tanto del tiempo como de tus recursos atencionales:

  • Establecer horario de rutinas
  • Gestión de agenda
  • Control ambiental reduciendo ruido auditivo y visual
  • Identificar tus ladrones del tiempo
  • Aprender a poner límites y a decir no
  • Practicar la priorización de tareas

Pero, sobre todo, deberás hacer un trabajo de autoconocimiento y encontrar de dónde viene tu sistema de creencias ( como: “sólo seré vistx si soy la mejor” o “para ser querible debo de despuntar”), desde cuándo está en ti y el impacto que está generando en tu actualidad. Para esto colegui, quizás necesites un acompañamiento terapéutico donde te ayuden a ahondar en ti mismx.

Además de la combinación de estrategias de productividad y el autoconocimiento, puedes combinar todo esto con herramientas tan potentes como la atención plena (mindfulness)vr. Así aprender a vivir en el modo ser, no en piloto automático.

La búsqueda de la productividad no debe sacrificarse en el altar de la salud mental. Reconocer y respetar los límites del cerebro es fundamental para alcanzar un estado de productividad funcional que, en lugar de ser tóxica, sea sostenible y beneficioso para nuestra vida diaria.

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